ARTE PARA EL VERANO: DEPERO y el FUTURISMO al alcance de los más pequeños gracias a sus MARIONETAS

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ARTE PARA EL VERANO: DEPERO y el FUTURISMO al alcance de los más pequeños gracias a sus MARIONETAS

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Casi cincuenta años antes de que Andy Warhol desde su Factory en Nueva York nos hiciera replantearnos los cimientos sobre los que se sustentaba el arte contemporáneo, en 1919 y en la ciudad italiana de Roverento, Fortunato Depero (1892-1960) fundaba la Casa de Arte Futurista, una “central de acción artística”, como a él le gustaba definirla, con las que siguiendo los preceptos del primer credo futurista pretendía derribar las fronteras entre el arte y la vida.

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Un estudio de arte y diseño en el que este artista polifacético pudo desarrollar sus muchísimos intereses produciendo junto a su esposa Rosetta muebles, objetos, gráficos, carteles, tapices, juguetes… Y es que Fortunato Depero fue pintor, escultor, dramaturgo, escenógrafo, escritor, poeta, ensayista, diseñador gráfico de publicidad comercial, de pabellones de ferias, de libros, revistas y logotipos comerciales, creador de juguetes y tapices, empresario cultural… La lista no se acaba nunca y sus diseños, como bien demuestra la famosísima botellita de Campari, siguen vigentes.

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Pues bien visitando el otro día la web de su renovada Casa de Arte Futurista me encantó una de las actividades que hacían con los más pequeños y que tienen que ver con la larga participación de Depero en el teatro.

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Una relación que se afianzó en 1916, cuando Depero conoció a Sergej Diaghilev, fundador  y empresario de los ya en ese momento célebres Ballets Rusos, que le encargó el diseño de la escenografía y el vestuario para el ballet Le Chant du Rossignol (El canto del ruiseñor), con música de la ópera de Igor Stravinsky Le Rossignol, que ya se había presentado en París en 1914 y cuyo argumento era una adaptación del cuento homónimo de hadas de Hans Christian Andersen.

Siguiendo las indicaciones de Diaguilev, Depero trabajó durante varios meses en el decorado de un enorme jardín futurista de brillantes colores al que tituló La Flora Mágica y que creó a partir de formas geométricas abstractas y antropomórficas mezcladas con elementos puntiagudos que se elevaban verticalmente. Una especie de gran escultura cinética, en la que se desarrollaría el ballet que tenía tintes más surrealistas que futuristas, todo hay que decirlo.

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Un decorado y unos vestuarios, inspirados en la moda tradicional china con los que los bailarines se convertían en una especie de voluminosos robot-marionetas,  que nunca llegaron a ser estrenados con el ballet de Stravisnky. Pese a que Diaguilev parecía entusiasmado por la propuesta: “Con su desbordante imaginación, crea un jardín de formas imaginarias, cuyos contrastes y ritmos trasladan al plano plástico las disonancias de la música de Stravinsky”, estos no fueron aceptados remplazándolos por los diseños bastante más clásicos y probablemente más acordes para la función que tenían, – en definitiva se trataba de bailar, algo que cuesta imaginar con los trajes de Depero– realizados por el pintor Henry Matisse. Tampoco está mal el nuevo nombre elegido por Diaguilev, ¿verdad?

 

 

Pese al poco éxito de su propuesta Depero no se desanimó. Un año más tarde y con la misma estética pero remplazando los bailarines por enormes marionetas creó con la colaboración del poeta suizo Gilbert Clavel (1883-1927) los Balli Plastici (Bailes plásticos), espectáculos de marionetas compuestos de cinco acciones mímicas, musicalizadas por Casella, Malipiero, Bartók (bajo el seudónimo de Chemenow) y Tyrwhitt con los que obtienen uno de los mayores éxitos futuristas.

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Depero, que ya había abordado la estética de títeres mecanizados en sus pinturas y esculturas, crea para este ballet, además de los decorados, una serie de marionetas de madera de gran tamaño, realizadas a partir de formas geométricas de llamativos colores que, accionadas mediante hilos, consiguen movimientos completamente mecanizados y anti-naturalistas que hoy podemos verlas expuestas en La Casa de Arte Futurista. 
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Gracias a sus formas llamativas y divertidas, que mezclan fantasía, juego y humor, Depero consiguió acercar la poética futurista de la máquina al mundo infantil. Y es que, como bien indican Diana Fernández (aquí) su visión personal de la plástica futurista lo diferenció del resto de sus contemporáneos y colegas del movimiento. Amante de la máquina como todo futurista, su máquina no era humeante y oscura  sino una máquina del futuro libre de contaminación. Algo que se percibe tanto en La Flora Mágica, como en estos Balli Plastici de los que aquí os muestro una recreación.

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Para acabar os dejo el vídeo que me hizo pensar en Depero para nuestros niños. En él a partir del minuto 3,40 se ve una de las actividades que en la Casa de Arte Futurista realizan para niños y familias. Lo que a mí me gusto es la manera tan simple con la que recrean en papel las figuras  que aparecen  los cuadros de Depero, tan fácil como los mantelitos de papel que hacíamos cuando éramos pequeños.
La idea es estupenda y un punto de partida genial para convertir cualquier cuadro de Depero en un Balli Plastici al son de la música que vosotros o vuestros chavales elijan. Solamente necesitáis papel, tijeras, cola para recrear los escenarios y las marionetas además de hilos para mover éstas al son de la música. Si ya contáis con un móvil o un i-pap par que ellos graben su propia película el Balli Plastici será completo.
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Os dejo algunos cuadros que os pueden servir como punto de partida. Espero que os guste y os sirva. Cuando yo la haga prometo mostrárosla.
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