FILOSOFÍA PARA TODOS: ¿Qué sabes de filosofía?

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FILOSOFÍA PARA TODOS: ¿Qué sabes de filosofía?

¿Qué sabes de filosofía? | FILOSOFÍA PARA NIÑOS | LITERATURA INFANTIL

Le ocurre a la palabra filosofía un tanto como a la política. Es necesario insistir en su uso fuerte, en la calidad y capacidad de sus contenidos, porque en muchas ocasiones se encuentra eclipsado por la simplificación extrema de su valor o por las enormes confusiones que acompañan a su uso. En este momento, se encuentra también asediada por las urgencias de lo inmediato, discutiendo su valor con la técnica y la eficacia rápida. Dentro del catálogo de simplezas que ha de afrontar, una de las mayores es la que dice “yo no entiendo de política”. Si atendemos a la definición que Aristóteles nos dio de este concepto, lo que nos caracteriza como hombres es nuestro perfil político, es decir, TODO lo humano es político.

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No es otra cosa la política sino el arte de vivir en común, el modo en que somos ciudadanos en cuanto compartimos con otros, en tanto no somos pensables sin los otros, sin lenguaje, sin entorno, sin cultura, sin comunicación. Animales políticos, Zoon politikón, inconcebibles sin educación, civilización y cultura. Ocurre algo semejante con el entorno de lo que debamos entender como filosofía: el ámbito filosófico abarca todo el conocimiento humano. No hay nada fuera de su espacio, por lo tanto, es una ciencia de ciencias, articulada en cada una de ellas: así tendríamos filosofías del arte, la ciencia, del comportamiento, de la cultura, todas dependientes del tronco común del conocer humano. Nada le puede ser ajeno, pues fuera de él sólo se puede imaginar la animalidad, la barbarie, el silencio, formas complejas del no-saber.

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El libro de Neil Turnbull, Qué sabes de Filosofía, por ello, ya puede traducirse para nosotros en un qué sabes del saber? que anuncia a la filosofía como un conocimiento volcado en sí mismo, lo que será su gran privilegio y uno de sus mayores escollos. A la vez que debe cuestionarse siempre sus objetos y métodos, puede ensimismarse en sus propios contenidos, separarse de la realidad, convertirse en un refugio de sabio o pedantes, construir un castillo irreal lejos de la vida y perder la comunicación con su entorno. El problema que aborda Turnbull es un clásico en esta línea: la divulgación del pensamiento enfrentado a su vulgarización. Pensamos que este perfil lo comparte con la escritura para niños en general: acercar los contenidos no significa nunca resumirlos hacia la estupidez, sino presentarlos en una complejidad educada, señalando e invitando al camino que significa hacerse con los más complejos, atraídos por las imágenes más cercanas a nuestra experiencia, llevados por la idea de que hay algo que nos conviene, nos atrae, nos aporta una experiencia propia y única, una experiencia de conocimiento fuerte, excitante, incitante. La simplificación siempre es un camino difícil, porque bordea la estupidez y el sinsentido. Es por eso que las guías filosóficas, tanto como cualquier guía del conocimiento son un género educativo necesario y de la máxima exigencia. En ese punto la filosofía es imbatible: no es un pasatiempo, no nos ayuda a matar el rato, sino que nos ayuda a construir mediante preguntas el formato mismo de nuestra personalidad, nos ayuda a comprender mejor cuanto nos rodea y a relacionarnos de forma crítica y creativa con los otros y con quien pensamos que somos. Nos ayuda a cuestionarlo todo, incluidos los contenidos, selección y métodos de este libro, lo cual si se produjera, sería el mayor de los éxitos.

 

Neil Turnbull da un paso más en la estrategia de presentación de preguntas fuertes, a las que hemos asistido en los libros anteriores de esta sección. No sólo se requiere preguntar, sino saber en qué modo estas preguntas tienen que ver conmigo, en qué modo la filosofía -al igual que la política- no es algo lejano, cultivado o guardado por unos poco, la élite intelectual, sino que es un modo activo de construir nuestra vida. Con esa rotundidad actúa el pensamiento crítico, diciéndonos que la máxima responsabilidad es la de la construcción de nuestras propia imagen, nuestra propia vida con sus circunstancias: conducta, creencias, moral, esperanzas, placer, deseo, compromiso en un mundo donde las formas superficiales campan gracias a la facilidad y la inanidad de sus postulados. Un ejemplo de esta dicotomía fuerte/banal.

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Fíjese en cómo cada uno de estos términos que acabado de citar, por ejemplo compromiso, es utilizado en su función más frívola y falta de perspectiva por el lenguaje publicitario. La filosofía proporciona un recargo del sentido, del lenguaje, del valor, de la importancia comprometida de las formas, e incluso, del esfuerzo y la dificultad. La tarea de Turnbull es la de la divulgación del legado filosófico a través de un muy ameno sistema de escritura, deudor de las cartillas ilustradas tanto como del sistema de microlecturas de internet, en donde se presenta, a través de los grandes nombre de la tradición, las idea que han perseguido en el esfuerzo de traerlas hacia nuestra comprensión mediante este curioso efecto: ¿en qué modo son interesantes para mí, en este momento los avances de los griegos clásicos, de los empiristas, de Nietzsche? ¿En qué modo son actuales todos y cada uno de sus esfuerzos? ¿Cómo la filosofía, forma en crisis, ha de defender su espacio frente a tecnicismo y sentido común? La actualización del pensamiento y la tradición e historia filosófica clásica a través de su conexión con mi propia vida: enseñar a cada cual a responder teniendo el ejemplo vivo de las respuestas de los grandes nombres del pasado.

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Turnbull, positivo y optimista, apuesta por el valor de la reflexión y apunta en la dirección de recuperar el valor formativo de la reflexión, la filosofía puede (…) enseñar a recrear un mundo … donde exista una nueva trascendencia, más profunda (…) en la mejor vía de los filósofos hermeneutas, centrados en el valor de la interpretación del mundo, cuya tarea es no enseñar un método sino una forma de diálogo con todo cuanto existe.

 

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