MÚSICA CLÁSICA PARA HALLOWEEN: La danza macabra de Saint Saëns

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MÚSICA CLÁSICA PARA HALLOWEEN: La danza macabra de Saint Saëns

Hadas brujas y gnomos en la música clásica | La danza macabra | MÚSICA CLÁSICA PARA NIÑOS

Hoy en estos especiales dedicados a la música de Halloween (pinchad aquí si queréis leer La danza de las brujas que comentamos la pasada semana) vamos a hablar de La Danza Macabra de Camille Saint Saëns, para mí, y para muchos, una de las obras de música clásica más apropiadas para la noche de Halloween.

 

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Existe una vieja leyenda europea, muy cercana en algunos aspectos a la cultura mejicana, que narra como en el día de muertos, la Muerte se levanta del inframundo para danzar y disfrutar a lo largo de  toda la noche con el resto de los fallecidos, a quienes convoca para que salgan de sus tumbas a través de una melodía con su violín. Hombres, mujeres y niños de todas las clases sociales y condición se ven unidos en este acto de hermandad, dictado por lo único seguro que todos tenemos.

 

 

Pues bien Camille Saint Saëns decide poner música a esta leyenda que estaba muy en presente en la literatura francesa y lo hace siguiendo  siguiendo uno de los géneros más en boga en el momento: el poema sinfónico, del que ya he hablado en otras ocasiones -recordad El aprendiz de Brujo de Paul Dukas, – y que de una manera breve podríamos definir como una obra de un solo movimiento, normalmente escrita para orquesta en la que partiendo de algún elemento literario se nos narra a través de la música una historia, una leyenda que el público suele conocer antes de escuchar la obra, porque el compositor le pone en antecedentes a partir de un “programa“.

 

 

Pero Saint Saëns nos cuenta la leyenda a partir del poema homónimo de Jean Lahor (uno de los seudónimos con los que se conocía al poeta simbolista Henri Cazalis) que toma como programa. Dice así:

 

               “Zig y Zig y Zag, la cadencia de la muerte

golpeando una tumba con sus talones

la  Muerte, a media noche, toca una danza

Zig y zig y zag en el violin… se oyen crujor los huesos de los danzarines…

Pero ¡chiss! De repente abandonan el corro

se empujan, huyen, ha cantado el gallo”

 

 

Ya tenemos la historia pero, ¿cómo se puede narrar esto con música? Pues muy sencillo, a través de eso que tan bien utilizará Wagner y que se conoce como leit motiv, motivos conductores o ideas fijas para Berlioz que vienen a ser, explicado de una manera muy simplificada, la asociación de una melodía, de un tema o de una secuencia corta a determinado personaje, objeto o situación de la acción. En esta obra La muerte será representada por el primer violín, el gallo serán los notas picadas del oboe, los esqueletos bailando desenfrenadamente y chocando sus cuerpos serán los xilófonos… Mucho mejor si  lo voy contando y lo vamos escuchando a través de un minutaje.

 

La primera vesión que os propongo y sobre la que está planteado el minutaje es la estupenda interpretación que hace la Joven Orquesta de Venezuela dirigidos por Gustavo Dudamel.

 

 

Medianoche

 

Estamos en un cementerio, el viento golpea contra las lápidas. Es medianoche y el reloj comienzan a sonar. Escuchamos las doce campanadas en el arpa. Las cuatro primeras, apenas perceptibles, corren a cargo del arpa sola, después se le unirá la cuerda para finalizar, las cuatro últimas, nuevamente el arpa sola.

 

La muerte llama al baile

 

La muerte, que será representada a lo largo de toda la obra por el violín primero, está alerta, ha llegado su momento y en el minuto 0’22 la vamos a escuchar por primera vez. Una aparición en la que podemos discernir su sarcasmo, el violín suena como si lo estuviesen afinando, aunque en realidad lo que Saint Saëns nos presenta es un tema creado a partir de un intervalo que ha dado mucho que hablar a lo largo de la historia de la música, en la Edad Media estaba prohibido y era conocido como diabolus in musica.

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Con él el violín de la muerte, acaba de dar la señal del comienzo de este baile prohibido, en el que, como si de una ronda se tratase, todos muertos están invitados.

 

Primeros invitados

A continuación escuchamos el tema principal de esta danza macabra tocado por las flautas (min 0’29). Son los primeros invitados que han llegado al baile, a los que rápidamente se une la cuerda (min 0’36). Los muertos que han salido de sus tumbas y bailan en respuesta a la invitación de la muerte. Como veremos va ser ella, con su papel preponderante, la que guíe esta danza. Así, tras esa cuerda interpretando el tema principal  aparece otra vez la muerte con un segundo tema, mucho más melancólico y con ritmo de vals (min 0’43).

 

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Se unen invitados a la danza 

 

A partir de aquí la música va tomando cada vez más fuerza, cada vez más invitados se están congregando en esta ronda. Los escucharemos, nos los imaginaremos observando como esos dos temas que acabamos de presentar van pasando por los distintos instrumentos y familias de la orquesta.

 

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La muerte  baila con sus invitados.

 

El ímpetu de los bailarines llega a tal punto, que los esqueletos de los muertos chocan unos con otros. Se percibe claramente en 1’45, pues los huesos de los muertos, ese  crujir de los huesos de los danzarines…  que decía el poema están asociados a la melodía interpretada en el xilófono.

Una asociación que parece gustar a Saint Saëns y que también nos la presenta en la duodécima pieza del Carnaval de los animales. Aunque realmente en el Carnaval lo que escuchamos es cómo, el más sarcástico de los compositores, se ríe de sí mismo. Si queréis ver cómo lo hace pinchad aquí, mientras os dejo la pieza del Carnaval, pues la cita a la Danza Macabra es exacta.

 

 

La danza se vuelve cada vez más y más intensa.

 

La obra a partir de aquí será desarrollada de manera brillante en fugato. Saint Saëns sabrá utilizar y regular todos estos ingredientes, además de otras muchas referencias como viento que suena a través de las cuerdas (min 3’20), una parodia al Dies Irae… hasta la apoteosis final, el baile desenfrenado que encontramos a partir del minuto 5. 00.

 

 

Tras el canto del gallo la danza vuelve la calma.

 

De repente como reza el poema llega la calma, los muertos abandonan el corro, vuelven a su tumba, se empujan. Se trata de una huída en toda regla, hay que volver rápidamente, de ahí esas escalas descendentes que escuchamos. En la avalancha  unos chocan con otros, se empujan, huyen… pero de repente llega la calma. Nos la trae el oboe (min. 6’00) que con sus notas picadas representan el canto del gallo. Y tras él, con todos los muertos volviendo a sus tumbas, escuchamos por última  interpretar a la muerte (el violín) su melodía.

 

La fiesta ha acabado.

 

Os dejo varios cortos animados que tienen esta obra como banda sonora. Seguro que son una buena manera de presentársela a vuestros chavales.

 

 

Aunque probablemente la animación que más les guste sea la primera, que está muy bien, quiero aclararos que en los créditos finales se le otorga la autoría a Liszt. El error probablemente se deba a que Franz Liszt, padre del poema sinfónico como género, era un enamorado de esta obra e hizo una transcripción para piano. Pero es un error la obra es de Camille Saint Saëns.

 

 

Unos datos antes de acabar el post de hoy.

Camille Saint Saëns (1835-1921) es junto con Mozart, Mendelssohn… otro niño prodigio de la música además de multifacético, superdotado y con una cualidad para mí importantísima: un sentido del humor que le hacía reírse, como bien nos lo demuestra en El Carnaval de los animales, hasta de sí mismo.

 

 

Con apenas cuatro años compuso su primera pieza para piano; con siete ya deleitaba a su público en los conciertos familiares; y a los diez dio su primer concierto público en la prestigiosa Sala Pleyel de París que resultó ser un memorable recital cuyo éxito se expandió por los periódicos de toda Europa.

Con veinte años ya tenía en su corpus de obras dos sinfonías que le habían servido para ganarse la admiración y el apoyo de compositores como Liszt, Berlioz, Gounod y Rossini, entre otros. Así que a los 40 años, edad en la que compone este su tercer poema sinfónico,  su ritmo creativo había dado enormes frutos, abarcando todos los campos de la música y todas las combinaciones instrumentales y vocales posibles.

 

 

A partir de esta Danza Macabra que hoy hemos escuchado su notoriedad fue todavía mayor y se iba a convertir en el compositor francés de su época con mayor reconocimiento internacional. Pero curiosamente, como tantas veces ha ocurrido en la historia de la música, el estreno de la Danza Macabra en los Conciertos Colonne de París fue un auténtico fracaso, con pitidos y abucheos incluidos.

Os deseo mucha mejor suerte con vuestros chavales.

 

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