MÚSICA CLÁSICA PARA NIÑOS: Children´s Corner de Debussy

Como todos los sábados abrimos nuestro auditorio para presentaros una pieza compuesta para niños. Hoy nos vamos a ir nuevamente a Francia, para escuchar The Children Corner (El rincón de los niños), una obra que Claude Debussy compuso a partir de 1906 para una destinataria muy especial que por aquel entonces contaba con apenas tres añitos, su hija Claude-Emma, a la que cariñosamente llamaban Chouchou.

 

 

Claude Debussy, ese compositor al que encasillamos como impresionista, es una de las piezas claves en la revolución y la apertura a nuevas formas y sistemas compositivos que la música occidental va a vivir a lo largo del s. XX.

 

Compositor y pianista de formación en 1906 se hallaba en plena madurez estilística, incluso en su “revolución” pianística, que siempre se dice que sucede de manera más tardía que en el resto de su obra. Entre 1903 y 1907 Debussy había creado doce grandes piezas para piano en las que había logrado una riqueza y un refinamiento de su lenguaje realmente asombroso. Y es precisamente en ese momento que dedice tomarse un respiro, relajar su lenguaje y escribir The Children Corner.

 

 

El objetivo de la obra es claro. Debussy adoraba a su pequeña hija y quería -al igual que ya había hecho su idolatrado Mussorgski en el ciclo El cuarto de los niños, obra de la que sin falta debemos hablar en esta sección- evocar a través de la música ese mundo inocente y tierno de la infancia. Pero también había un interés más paternal, su hija Chouchou comenzaba a iniciarse en el mundo de la música y en la exigente práctica instrumental y Debussy quería crear una obra que pudiera facilitar este inicio, presentándoselo de una manera más lúdica que lo que la enseñanza habitual hacía -pensemos que todas las metodologías que revolucionan el aprendizaje temprano de la música  todavía no se habían desarrollado-. Y obviamente viniendo de Debussy todo ello con gran sentido del humor.

 

        “A mi muy querida Chouchou… 

con las tiernas excusas de su padre 

por lo que viene a continuación”

Pero no nos llevemos a engaño. La obra pese a la intención no está destinada a un niño que se inicia. Para poder afrontar su interpretación se requieren manos expertas, bastante técnica, además de mucha sensibilidad e imaginación.

Comentada la génesis, hablemos de la música. Lo primero que siempre trato de explicar, una vez situada la pieza, es qué forma va a tener la obra que escuchamos. ¿Estamos ante un concierto? ¿una sonata? ¿una sinfonía? ¿un poema sinfónico?… No, no estamos ante ninguna de estas formas musicales. Curiosamente, como en todas las obras que hemos visto a lo largo de este mes que llevamos hablando de música -os recuerdo El Carnaval de los animales, Ma mère l´Oye  y los Cuadros de una exposición- estamos ante una suite, es decir una obra compuesta por la suma de pequeñas piezas independientes que suelen tener un elemento común que les da coherencia.

 

 

Por último, antes de pasar directamente a la explicación de cada uno de los seis números que componen esta suite, comentar que si bien la obra fue escrita para piano existe una versión orquestal que aunque no fue realizada por Debussy sí que contaba con su aprobación. La escucharemos al final de este artículo.

 

Ahora sin más preámbulos comenzamos.

 

Dr Gradus ad Parnassum

 

Durante muchísimo tiempo, hasta hace dos días podríamos decir, la formación de todo buen pianista debía pasar por el libro de estudios y ejercicios Gradus ad Parnassum de Muzio Clementi, incluso compositores de la talla de Chopin, auténtico virtuoso del piano,  habló de la importancia del mismo. Obviamente Debussy debió pasar por ello y no parece que tuviese la mejor de las opiniones del resultado conseguido, pues esta pimera pieza no es sino una formidable burla de lo que en ese libro estudiiábamos: ejercicios y más ejercicios que desarrollaban la buena técnica del estudiante.

 

Solamente hacia la mitad de la pieza parece que el estudiante puede evadirse  de su objetivo. Escuchamos como el tiempo se ralentiza, parece que escuchamos una mayor libertad… pero era sólo un espejismo pues vuelve Clementi con sus ejercicios.

 

 

Jimbo’s Lullaby 

 

Muchos os preguntaréis por qué hoy, yo que procuro traducirlos siempre, pongo los títulos en inglés. La respuesta es sencilla, el propio Debussy los puso en este idioma en homenaje a la institutriz inglesa que tenía su pequeña Choucho en aquel momento.

Además del homenaje, en esta segunda pieza Debussy quiere retratar el muñeco preferido de su hija, un pequeño elefante de nombre Jimbo. Así que lo que realmente tenemos es la canción de cuna del elefante y ¿cómo se arrulla a un elefante? Pues según Debussy, así.

 

 

No sabemos si lo consiguió, lo que si creemos es que el elefante está presente en esta pieza. ¿Dónde? ¿lo habéis adivinado la primera vez? Si no es así, volved a escuchar, está vez fijándoos en los compases del principio, esa melodía en los graves del piano tiene toda la pinta de que es Jimbo. Pero no sólo ahí, a partir del min 0’53 el elefante (en ese bajo del piano) parece incluso que tal vez se duerma.

 

Serenade for the Doll.

 

Debussy ofrece a la muñeca de su hija la más exquisita de las serenatas en la que recrea incluso el ritmo de la guitarra en el picado del piano. A partir del min 0′ 40 una bella melodía con las más dulces y etéreas armonías de toda la obra para la bella muñeca.

 

The Snow is Dancing

 

La melancolía que trasmite esta pieza es innegable. Podríamos decir, como sucede en el caso de compositores como Robert Schumann que es el poeta el que nos está hablando y lo hace para describirnos la tristeza, la melancolía que sienten los niños en las tardes de invierno cuando debido al mal tiempo se les impide salir al jardín a jugar y observan desde la ventana como caen los copos de nieve.

 

Musicalmente dos minutos soberbios que comienzan con la caída de esos copos de nieve, monótona, persistente a lo largo de toda la pieza y sobre ella pequeños fragmentos, dulces y triste en palabras de Debussy, que nos llevan a otros tiempo, tal vez en un intento de ayudar al niño a evadirse de esa realidad que no le agrada.

 

 

The Little Shepherd

 

El pianista E. Roberts Schimitz en The Piano Works of Claude Debussy editado por Dover escribe lo siguiente:

 

No era meramente juguetes lo que [Debussy] quería ofrecer a  Chouchou, sino incentivos para la alegría! Y así se concibe  […] el paseo del  elefante antes de ir a dormir, la serenata que ella tendría para tocar a su muñeca , o al  pastorcito interpretando algunas canciones

 

¿Qué canciones tocaría el pastorcillo? Las escuchamos a continuación pero la cita a algunas de sus obras más conocidas como Prélude à l’ après midi d’ un faune  L’ Isle joyeuse es bastante evidente.

 

 

 Golliwogg´s cake-walk

 

Con este último número Debussy quería reproducir los movimientos mecánicos y a tirones de una muñeca negra bailando. Para ello decide recurrir, por primera vez en su repertorio aunque no por última, a una música que venida de América se estaba poniendo de moda: hablo del jazz que en esos momentos estaba dando sus primeros pasos. 

 

Lo que hace realmente es poner a la muñeca a bailar el cake-walk, baile nacido en las plantaciones del sur de EE.UU que se puso de moda en torno a 1880 y que guarda similitudes con el ragtime -hay todo un debate sobre si el ragtime influyó al cake-walk o viceversa-. Lo que está claro es que Debussy utilizó las características melodías síncopas de este tipo de música, además del ritmo acentuado en los tiempos impares para crear esos movimientos mecánicos de la muñeca.  A partir de la mitad de la pieza, más o menos, parece que le va a dar cierto aire a la muñeca, le va a permitir jugar con el sentimiento y la emoción, según sus palabras este fragmento debía ser interpretado con “gran emoción”. Pero serán unos segundos, la pieza finaliza igual que comenzó, a ritmo de cake-walk.

 

 

Así finaliza este The Children Corner de Claude Debussy.

 

Al igual que en el caso de los Cuadros de una exposición de Modest Mussorgski que veíamos el otro día, de esta pieza, escrita originalmente para piano, tenemos versión orquestal. No la hizó Debussy, la realizó su amigo Caplet pero sí que tuvo su pleno consentimiento y aprobación.

 

Realmente el resultado dista mucho de lo que Ravel consiguió con Los cuadros de una exposición. En el caso de estas miniaturas soportan bastante mal el tratamiento sinfónico. Para ser claros, la pieza empeora bastante. Pero no está mal conocerla, así que aquí la tenéis.

 

 

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