MÚSICA CLÁSICA PARA NIÑOS: La flauta mágica

Esta semana en nuestra sección música para niños os invitamos a la ópera y no lo podemos hacer mejor acompañados que de la malvada Reina de la noche, uno de los personajes de La Flauta Mágica de W. A. Mozart con cuya aria de título Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen, seguro que fascinamos a nuestros niños.

 

 

En la historia de la ópera hay muchos momentos, lugares y obras cruciales: 1557 Florencia, La Camerata de los Bardi, Orfeo y Euridice de Monteverdi, La Serva Padrona de Pergolesi… podría seguir y seguir pero una de esas fechas clave es precisamente 1791, año en el que Mozart compone y estrena La flauta mágica. Para poder entender la importancia de esta obra me vais a permitir que hagamos un breve recorrido por la historia de la ópera -pequeñas pinceladas, os podéis figurar- que nos permitirá entender qué supuso esta obra y a su vez, dar respuesta a preguntas como ¿qué es una ópera? ¿ha habido óperas siempre o esto es una creación moderna? si es así ¿cuándo nace y por qué? ¿hay tipos de ópera? ¿qué importancia tiene la música en una ópera? ¿siempre se canta igual?… Comenzamos.

 

 

 

Por ópera entendemos un tipo de obra musical destinada a ser representada en el teatro -sobre un escenario, con actores, decorados…- y en donde la música interviene de una manera esencial en el desarrollo del argumento. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que a diferencia de otros géneros musicales que también se representan en el teatro y tienen música, pensemos en la zarzuela, en el musical… en la ópera la música, de diferentes maneras, va a estar presente siempre. Para ser claro, en una ópera lo normal es que no haya diálogo hablado, como sucede en la zarzuela que por el bien de la acción la música desaparece y se quedan los actores hablando. Escuchemos el primer ejemplo, ¿Hablan o cantan? ¿Estamos ante una ópera?

 

 

Ópera por supuesto, y para muchos la primera que se conserva. Su título: L´Euridice y el compositor Jacopo Peri.  Más tarde hablaremos de cómo cantan pero para hacer oído creo que es suficiente. Seguimos con nuestras preguntas.

 

¿Siempre ha habido óperas? Pues aunque los antecedentes de este género nos permiten remontarnos mucho en el tiempo, las primeras composiciones  a las que denominamos óperas son de principios del s. XVII y aunque nos parezca un chiste esos ejemplos nacieron de un error.  

 

 

A finales del s. XVI en Florencia había un grupos de humanistas, poetas, músicos, literatos que unidos por el patrocinio del Conde Bardi -de ahí que conozcamos a este grupo como La Camerata de’ Bardi-, se reunían para discutir y guiar las tendencias por las que debía ir el arte. Estaban especialmente preocupados por los caminos por los que se había llevado  a la música y creían que si se intentaba volver al modelo de la cultura griega el arte de la música mejoraría y con ello también la sociedad. Pero, ¿dónde está el error? Pues aquí, porque en este intento de restablecimiento del modo de hacer de los griegos partieron de un supuesto equivocado: creían que en la tragedia griega la música había tenido un papel primordial, en otras palabras que la tragedia griega era una representación  cantada prácticamente en su totalidad.

 

 

Hoy en día los estudios han demostrado que La Camerata Florentina estaba equivocada y que la función de la música en el teatro griego distaba bastante de lo que en esa Florencia se creía, pero gracias a este error, en lugar de retomar una vieja tradición, nació un nuevo género ¿Adivináis cuál fue? Por supuesto la ópera.

 

 

Los primeros ejemplos de óperas salen de la pluma de compositores como Peri, Caccini y del genial Monteverdi pero enseguida la ópera se hace popular y comienza difundirse por Venecia y Roma y de ahí, directa, a todas las cortes de Europa: Viena, París, Hamburgo, Inglaterra… No había corte que se precie que no tenga su compañía de ópera y su propio teatro para representarla.

 

Escuchemos otro ejemplo, Orfeo y Euridice de Monteverdi. Es de 1607 y se escribió para la corte de Mantua. Está estructurada en 5 actos y un prólogo y en ella encontramos muchas de las pautas que va a tener el nuevo género.

 

 

¿De qué iban estas primeras óperas? Pues como bien muestran los títulos de los dos ejemplos que hemos escuchado hasta ahora, sus argumentos siempre versaban sobre temas mitológicos o temas históricos. Por lo que no creo que cueste mucho entender que el pueblo llano, que en muchas ocasiones desconocía estas historias, no se sentía en absoluto identificado con este tipo de ópera seria. Aunque realmente todavía este tema no preocupaba pues estas representaciones no eran públicas por lo que la gente común no asistía. Pero poco a poco esto también cambiará.

 

 

Si recordáis acabamos de decir que la ópera enseguida se hizo popular y se difundió hacia Roma y Venecia. Pues bien de Venecia partió a Napolés una compañía que iba a cambiar el curso de los acontecimientos y es que gracias a ellos nacería otro tipo de ópera que conocemos como: ópera bufa.

 

En el s. XVIII suceden muchísimos cambios en la música y uno de ellos es que los espectáculos se hacen públicos y hay que pagar una entrada para acceder a ellos. La música ya no solamente va a ser para nobles sino que el pueblo llano también va a poder acceder a ella. Pero como ya hemos dicho este público no estaba muy interesado en temas mitológicos  por lo que los avispados empresarios napolitanos decidieron cubrir a este sector y ¿cómo lo hicieron? pues con los intermezzi. Para entender que era un intermezzi tenemos que explicar cómo era una representación de ópera de la época pero, como la cosa se está haciendo larga, antes os pongo otro de esos ejemplos que cambia el rumbo de la ópera La serva Padrona de Pergolesi (1733), un intermezzi en dos actos en el que se nos narran las andanzas de una sirvienta Serpina que se va a convertir en la dueña y patrona de la casa.

 

 

Ir a la ópera en el siglo XVIII distaba bastante de lo que hoy hacemos. Debemos entender que no había tele, no había cine… ir al teatro era el espectáculo por excelencia. Allí se iba a pasar el día y los espectáculos eran muy largos, porque esas óperas serias a las que antes hacíamos mención, eran muy muy largas, fácilmente podían alcanzar las tres horas de música, tiempo al que había que sumarle los descansos entre los actos, pues los cantantes debían descansar.

 

¿Qué hacía el público en estos descansos? Pues a diferencia de hoy que abandonamos la sala donde se desarrolla el espectáculo para ir a tomarnos un café, estirar las piernas o a charlar con amigos, en el s. XVIII permanecían en la propia sala del teatro, comiendo, charlando e incluso paseando – sí, sí el decoro de la época lo permitía- y como los cantantes protagonistas debían descansar pero el público no estaba cansado eran esos intermedios el momento perfecto para representar otro tipo de obras, en las que para relajar la tensión dramática de la ópera seria con sus dioses y héroes, solían tener tenían por argumento situaciones cómicas con el pueblo llano por protagonista.

 

Con el tiempo estos intermezzi fueron tomando más y más relevancia y se convirtieron en un género propio: la ópera bufa.

 

 

Como veis del cuadro no solamente la temática, el público al que iba dirigido o la duración es diferente entre ambos tipos de ópera también el virtuosismo vocal que se necesitaba para interpretarlas, pero de esto hablaremos otro día.

 

Ahora volvamos al principio del artículo y a esa fecha, 1791 en la que se estrena La Flauta Mágica de Mozart y entenderéis el porque de tanto preámbulo. La flauta mágica no es una ópera seria sino un singspiel, un género menor, una especie  de ópera popular, cantada en alemán -lo normal es esta época es que las óperas fueran en italiano, por supuesto-, de solamente dos actos y en donde… horror… se intercalan partes habladas.

 

Y pese a saltarse todas las convenciones nadie duda que estamos ante una obra maestra y ante la máxima creación vocal de Mozart.

 

El sábado os cuento el argumento, os hablo de las partes en las que se suelen dividir los actos, de la función del aria, de los castrati y por supuesto de ese maravilloso virtuosismo vocal que requiere un aria como Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen.

Os dejo con ella. Mis alumnos cuando la escuchan alucinan, la imitan y se entusiasman cada año.

 

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