MÚSICA CLÁSICA PARA NIÑOS: El pájaro de fuego de Igor Stravinsky

Hoy la obra elegida os la podemos acercar de muchas maneras: como un cuento popular ruso, como un ballet basado en ese cuento, como una suit sacada de ese ballet, pero sobre todo, y por ello la hemos traído a este nuestro pequeño auditorio, como un ejemplo fantástico para introducir la música del s. XX a los más pequeños. La obra en cuestión es el Pájaro de Fuego de Igor Stravinski.

 

 Léon Bakst, Pájaro de Fuego (bailarina), 1910

Si recordáis al final del último post de música de la pasada semana, en el que desenmascarábamos a todos los personajes del Carnaval, op. 9 de Robert Schumann (pinchad aquí si queréis leerlo), os contaba que ese Carnaval se había convertido en un ballet a petición de una de las figuras cruciales de la primera mitad del s. XX, Sergei Diaguilev, un empresario ruso que con una visión absolutamente innovadora funda Los Ballet Rusos con los que tiene un éxito apoteósico y redescubre este género para Europa.

 

 

En este punto la pregunta es clara, ¿por qué son tan importantes estos Ballet Rusos? ¿Qué es lo que aportan? ¿Cuáles son las claves del éxito? Vayamos por partes.  Lo primero que debemos dejar claro es que Diaguilev supo entender el espectáculo como un todo, como una obra de arte total en el que todas las partes tenían igual importancia -aquí no eran más importante la coreografía, el bailarín principal o la música- por primera vez se iba a dar valor real a cuestiones que hasta ese momento se consideraban secundarias pues todas ellas eran parte integrante de una concepción artística completa que incluía además de música, teatro, danza, escenificación y diseño de vestuarios; otra cuestión que influyó de manera decisiva en su éxito fue que los ballets que representaban nunca eran largos, no duraban las tres horas de un ballet clásico habitual sino que en las tres horas que podía durar una función, se programaban tres ballets diferentes, ampliando con ello las posibilidades de agradar al público.

 

 Cartel realizado por Pablo Picasso para los Ballets Rusos, 1920

Y además, Diaguilev supo rodearse de los mejores. Desde Picasso a Satie, pasando por compositores como Claude Debussy, Maurice Ravel, Darius Milhaud, Francis Poulenc o pintores como Matisse, Derain, Giorgio de Chirico, Natalia Goncharova, Iván Bilibin…, la lista es enorme, todos trabajaron para estos Ballets Rusos. Y, por supuesto entre estos nombres encontramos a Igor Stravisnky.

 

Retrato de Stravinsky realizado por Picasso.

 

Durante los últimos años del s. XIX y primeros del XX en la música clásica se va a producir toda una revolución que tendrá como resultado el replanteamiento del sistema por el que creamos la música y la apertura a nuevos procedimientos compositivos. Stravinsky es una de las figuras claves en esta apertura a nuevos sistemas. Siempre decimos, dentro del contexto de la música clásica,  que existen tres vías principales de renovación del lenguaje en estos años, -tranquilos que no os las voy explicar, ni pienso ser técnica, entiendo perfectamente que no es lugar ni la función de este post, solamente os las menciono para dar cuenta de la importancia que tiene la figura de Stravinsky en la primera mitad del s. XX-, y cada una de estas vías se suele ejemplificar con la obra de un compositor. Sus nombres: Schonberg, Béla Bartók y, como no, Stravinsky.

 

 

Colocado Igor Stravinsky en su contexto, un último dato antes de comenzar a hablar sobre El pájaro de fuego. Cuando Diaguilev encarga a Stravinky componer este ballet, no os creáis que estamos ante esta figura consagrada, Stravinsky era un joven con talento al que alguien con mucho instinto, así era Diaguilev, le da una posibilidad y él la sabe aprovecharla muy bien.

 

  El Príncipe Ivan tomando una pluma del pájaro de FuegoIvan Bilibin, 1901

 

Estrenado en junio de 1910 en París, El pájaro de fuego es un ballet cuyo libreto esta adaptado de un célebre cuento popular ruso. Como para nosotros no es tan popular, o al menos cuando conocí esta obra para mí no lo era, voy a resumir la acción tal y como aparecía en el programa de los Ballets Rusos:

 

  Ivan Zarevich ve un día un pájaro maravilloso, todo de oro y de llamas; le persigue sin poder cogerle y sólo logra arrancarle una de sus brillantes plumas. La persecución le lleva hasta los dominios de Kastchei el Inmortal, el temible semidios, que quiere apresarlo y convertirlo en piedra, como ya ha hecho con más de un valiente caballero. Pero las hijas de Kastchei y las trece princesas que son sus cautivas, interceden y se esfuerzan por salvarlo. Llega el Pájaro de Fuego, que disipa los encantamientos y el castillo de Kastchei desaparece y las muchachas, las princesas, Ivan Zarevich y los caballeros son liberados y pueden apoderarse de las preciosas manzanas de oro del jardín.

 

 Edmund Dulac

 

Basado en este argumento, Stravinsky compone un ballet que consta de diecinueve números que tuvo un éxito inmediato y considerable. No vamos a hablar de la totalidad del ballet, sino que vamos a comentar una de las suite que el propio Stravisnky creo a partir de él. Es muy común, cuando un ballet funciona que se extraigan de él algunos números y con ellos se cree una suite del ballet, una música autónoma para ser interpretada en concierto. Stravisnky de este ballet hizo tres suites para orquesta (1911, 1919 y 1945). Hoy hablaremos a partir de la tercera, la de 1945 que consta de siete números y que podéis escuchar a continuación en la interpretación de Philharmonic Symphony Orchestra of New York dirigida por el propio Stravisnky en 1947.

 

 

 

INTRODUCCIÓN: EL PÁJARO DE FUEGO Y SU DANZA

 

La obra comienza con un lento fragor de las cuerdas graves (violoncellos y contrabajos) interpretado una célula melódica en sordina. Una música inquietante y oscura que nos dice que estamos en un jardín encantado,  adentrando en un mundo desconocido, un mundo fantástico.  La aparición de los trombones, fagotes, trompas, contrabajos (a partir del min 0’33) crea todavía más dramatismo.  Aparecen los violines en glisando interpretando armónicos, el arpa… y de repente sabemos que va a pasar algo, nos lo anuncian los trémolos (min 1’30). Sí, no hay duda:  acabamos de escuchar por primera vez, en todo su esplendor, al pájaro de fuego,  en la melodía del oboe (min 1’50). A partir de aquí la danza del pájaro y la persecución a cargo de Ivan en donde escucharemos los esfuerzos desesperados y convulsos del ave para evitar su captura. No lo conseguirá, el final del número con su acorde seco y cortante nos dice que el pájaro ha sido capturado.

 

 

 

PAS DE DEUX

 

Es la súplica del pájaro que desea ser liberado. Y nuevamente ese pájaro es representado por el oboe, con una línea melódica cromática y ondulante que posteriormente irá pasando por instrumentos como el fagot, el violin o al flauta. La manera tan sutil  de acabar el número para hacer referencia a la pluma que el pájaro entrega a Ivan en gratitud por ser liberado. Si os fijáis a partir del min 1’40 volvemos a escuchar el aleteo del pájaro.

 

Boceto del escenario para El Pájaro de Fuego, 1910. Aleksandr Yakovlevich  Golovin


 

DANZA DE LAS PRINCESAS. SCHERZO

  

Número rápido, vivo, centelleante construido con esta técnica tan propia de Stravinsky basada en la superposición de células melódico-rítmico que en sus sucesivas variaciones se alternan unas a las otras. Todo un juego que representa a las 13 princesas jugando en torno al árbol de las manzanas de oro. En la melodía declamada encontramos la llegada del principe Ivan, pero ellas continúan con su juego, lleno de sobresaltos en la dinámica y cada vez más cerrado en la organización rítmica.

 


KHOROVOD


Este número está construido sobre una maravillosa melodía popular, toda una cantinela rusa tomada de la colección de Rimsky Korsakov Cien canciones populares rusas (1877). Lo que nos describe es el encantamiento al que el malvado Kastchey tiene sometido a las princesas y la manera en la que príncipe Ivan se enamora perdidamente de una de ellas.

 

 

 

DANZA INFERNAL DE KASTCHEY.

 

Una de las danzas más terroríficas que se hallan escrito. Comienza con un tremendo acorde que convoca y hace rugir a los monstruos y guardianes de Kanstchei. Y tras él el tema sincopado, inquietante, deforme que reaparecerá constante, pero continuamente variado. En él encontramos al malvado Kastchely. Después escucharemos el diálogo de Ivan con el malvado genio, la intersección de las princesas e incluso al pájaro que reaparece, para finalmente, encandenarse con la danza que arrastra a todos los protagonista en una sensación de caos y de lucha feroz. Los glissandos del final suelen ser entendidos como una evocación de la protección que Iván necesita.

 

CANCIÓN DE CUNA

El fagot se convierte en el instrumento solista, un instrumento lírico que nos canta una tranquilizadora melodía sobre un fondo ondulante de notas repetidas. Pronto escuchamos una segunda idea, esta vez a cargo de las cuerdas, una especie de inciso pues enseguida volvemos a tener nuestra nana.

 

FINALE

 

 Los maléficos encantos de Kastchei se rompen y el reino volverá a la vida. Este triunfo de la vida lo va a representar Stravinsky con otro tema popular ruso tomado de la colección de Rimsky Korsakov. Primeramente lo escucharemos en la trompa para ir ampliándolo después progresivamente y de manera variada a toda la orquesta en un incremento de energía y de dinamismo potenciado por los instrumentos de percusión, reflejo de la alegría colectiva del momento.

 

 

Una estupenda obra que es considera como una de las más populares del compositor, una opinión que no agradaba en demasía a Stravinsky pues consideraba que otras obras más innovadoras, -tengamos en cuenta que estamos al principio de su carrera, todavía no ha escrito, tan siquiera, La consagración de la primavera– merecía ese reconocimiento. Pero lo cierto es que la obra funciona y es un buen principio para introducirnos en su música.

Si os ha gustado y queréis conocer el resto de obras que hemos analizado y comentado en nuestra sección Música para niños pinchad en los siguientes enlaces.

 

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