MÚSICA CLÁSICA PARA NIÑOS: Sheherezade de Rimsky Korsakov

Abrimos nuestro auditorio para presentaros otra de esas obras de música clásica que, pese a no estar escrita para niños, estoy segura que va a hacer las delicias de vuestros alumnos, hijos, nietos… y por supuesto, como muchas veces me indicáis en vuestros comentarios, de todos vosotros. Hoy vamos a escuchar la más famosa obra musical ambientada en Oriente de cuantas se han escrito, todo un cuento musical basado en Las Mil y Una noches.  Hoy vamos a hablar de Sheherezade de Rimski-Korsakov.

 

 

Sherezade, suit sinfónica. Este es el título completo de esta obra escrita por el compositor ruso Rimski-Korsakov en 1888 y en él, como ya habrán deducido aquellos que siguen nuestros post sobre música, encontramos varios datos que nos definen o al menos nos ponen sobre aviso de qué vamos a escuchar. Se trata de una suite, es decir una obra concebida a partir de números independientes, concretamente cuatro números y que está compuesta para orquesta sinfónica. Pero cuatro números que, como suite que es, deben tener un hilo conductor. En este caso, ni más ni menos, que los Cuentos de las mil y una noches.

 

 

La pregunta es clara en este punto ¿Estamos ente música programática? ¿Estamos ante ese tipo de música de carácter descriptivo que tuvo su momento de mayor esplendor en el Romanticismo y que tenía como objetivo evocar ideas o imágenes extra-musicales en la mente del oyente? 

Mi respuesta sería sí, estamos ante una obra en la que Rimski nos quiere trasladar con su música directamente a Oriente, a un palacio de cúpulas redondeadas lleno de turbantes y velos tapando sus caras. Un palacio dorado en el que en una de sus cámaras una joven princesa intenta salvar su vida contando historias a un despiadado y resentido sultán que ha tomado por costumbre matar a sus esposas en la noche de bodas. 

 

 

Aunque tal vez una mejor manera de situarnos en lo que vamos a escuchar sea leer las notas que el propio Rimsky- Korsakov dejó unidas a la partitura:

 

 

El sultán Shahriar, persuadido de la perfidia y la infidelidad de las mujeres, jura matar a cada una de sus esposas después de pasar con ellas la primera noche. Pero la sultana Scherezade logra salvar su vida cautivándole con las historias que le cuenta durante mil y una noches seguidas. Azuzado por su curiosidad, el sultán va demorando de día en día la ejecución de su esposa y acaba por renunciar a ella definitivamente. Scherezade le cuenta muchas maravillas, citando versos de los poetas y los textos de las canciones, uniendo las historias unas a las otras.

 

 

Si os dais cuenta el programa que nos deja es muy general, no entra en detalles. Es más en una revisión posterior incluso lo hace desaparecer junto a los títulos de los cuatros movimientos que hacían alusión a los episodios que había tomado como fuente de inspiración – El mar y el barco de Simbad (1º movimiento),  El cuento del príncipe Kalender (2º movimiento), El joven príncipe y la princesa (3º movimiento),  Fiesta en Bagdad. El mar. El barco naufraga contra la roca coronada por la figura de un guerrero de bronce (4ºmovimiento).

El por qué de estos cambios nos los explica el propio Rimski-Korsakov en sus memorias publicadas con el título de Crónicas de mi vida musical.

 

Suprimí las indicaciones que figuraban en cada parte, pues con ellas sólo me proponía encauzar la fantasía del oyente y marcarle la ruta que siguió la mía, dejando librado a cada uno los detalles secundarios. Me propuse que si el oyente gustaba de mi obra sinfónica, experimentase la impresión de un cuento oriental sobre una serie de hechos fantásticos y no solamente cuatro piezas que se suceden sin variedad en el material temático.

 

Y así debemos entender la obra. La música no va a ser un relato al pie de la letra de cada uno de los cuentos elegidos. La música de esta obra que bien podríamos llamar un poema sinfónico sin argumento o una suite orquestal en cuatro partes nos va a evocar una atmósfera general que nos traslada a ese Oriente de cuentos fantásticos en donde, a partir de unas ideas musicales con las que en ocasiones podemos establecer verdaderos  leit motivs ligados a ideas legendarias -no hay duda de que la maravillosa melodía del violin representa a Scheherezade o que el sultán tiene su propio tema como más abajo veremos- y en otras estas ideas musicales deben ser vistas simplemente como motivos musicales que se transforman, pasan y se derraman por toda la partitura  dejando a nuestra imaginación la evocación de la historia, dejando a nuestra imaginación una ruta de escucha con la que viajar a ese mundo lejano y fantástico que para todos representa el mundo de los Cuentos de las Mil y una noches.

 

A continuación, contextualizada la obra y explicada la intención puramente musical del compositor, os dejo una posible interpretación de cada uno de los cuatro números que componen la suite sinfónica de Sheherezade.

 


El mar y el barco de Simbad.

El primer movimiento comienza con una introducción en la que enseguida se nos van a presentar a los dos protagonistas: el sultán Shahriar y la bella Scheherezada. Lo primero que escuchamos es a la orquesta al unísono, en un tema en el que sobresalen  los instrumentos de viento metal. Un tema duro, que nos habla de alguien sin compasión sin escrupulos.  Estamos escuchando al malvado y terrible sultán cuya perversidad a llegado a tal punto que ha decidido casarse cada día con una nueva mujer para matarla esa misma noche.

 

 

Tras una pausa y cinco acordes a cargo de los instrumentos de viento madera (min 0’25) que nos trasladan a un mundo mágico como de ensueño, escuchamos un solo de violín dulce, sensual y maravilloso (min 0’40). Estamos ante Sheherezade la joven e inteligente princesa que con sus historias salvará su vida y cambiará para siempre la terrible situación. Una melodía, un leit motiv de claro corte oriental en sus voluptuosidades que la vamos a escuchar muchas veces a lo largo de toda la obra, pues es ella la que enlazará unos movimientos con otros y de la que a su vez, como si de las propias historias que la protagonista cuenta se tratase, saldrán nuevos temas.

A partir del minuto 1’30 comienza el cuadro del mar. En esa transformación de las ideas musicales de la que hablabamos antes, si escucháis, en este momento de la obra hay algo que nos recuerda a la melodía del sultán, es como si él estuviera presente pero acunado  por los arpegios de la cuerda que evocan las olas del mar. El hecho de que esta música nos recuerde al sultán es porque Rimsky ha variado el leit-motiv del sultán, lo ha transformado otorgándole una nueva configuración, para colocarnos  en el mar. 

Y a partir de aquí todo un cuadro en el que se alternará la descripción, de ese mar por el que navega el navío, un mar que se irá tornando más y más bravo a causa de una fuerte tormenta que se desatará justo después de la segunda aparición del violín con esa evocación sutil y poética que nos trae el tema de Scherezade.

 

 

 

El cuento del principe Kalender

El segundo movimiento comienza citando a Scheherezade, la princesa se prepara para contarnos una nueva historia en este caso la del príncipe Kalender. Tras el solo de violín, sin interrupción y derivado de él, surge  una melodía en el fagot (0’40). Es un tema más rítmico, hay quien lo conecta con el tema del sultán, lo que está claro es que estamos ante el príncipe Kalender. El tema pasará por el oboe (1’10), la cuerda (1’44) y el conjunto de instrumentos de madera (2’19) antes de llevarnos a un cambio brusco de atmósfera, antes de adentrarnos en una batalla.

 

 

Y para llamar a la batalla que mejor que recrear las fanfarrias que escuchamos a partir del minuto 3’05. Primero a cargo de los trombones, después en la trompeta para ir multiplicándose y repercutiendo en toda la orquesta. La batalla está aquí. Pero un nuevo solo de clarinete (4’35), realizado sobre una larga frase cadencial derivada del príncipe Kalender nos vuelve a preparar para un cambio de episodio. Ahora escuchamos revolotear a los instrumentos de madera y los violines en trémolo en el agudo, se trata de el pájaro  Roch. Este episodio dura poco, pronto vuelven las fanfarrias, y tras ellas y con ellas el tema del príncipe Kalender rítmicamente transformado y adornado por fluidos motivos a cargo de fagot, oboe, clarinete y corno.

Finalmente, los bajos dejan oír el tema del Sultán, probablemente le está pidiendo un nuevo cuento a Scheherezade .

 

 

El joven príncipe y la princesa

Toda una escena de amor lo que nos encontramos en el tercer movimiento. Nuevamente dos temas: el del príncipe interpretado por una dulce y lánguida cantinela en las cuerda y el de la princesa interpretada con sensuales escalas por el clarinete. Parece que no hay duda,  frente a un príncipe sosegado y lírico tenemos a una princesa que baila.

 

El número es un gran diálogo, un diálogo que se ve interrumpido en el minuto 6’00 por la aparición de la voz de Scheherezade, pues realmente es ella quien nos cuenta la historia. Y sobre ella vuelve el príncipe (min 6’46) al que contestará y se entremezclará con su princesa (7’37).

 

 

Fiesta en Bagda. Naufragio de un barco sobre las rocas 

Minuto y medio de introducción antes de entrar en la fiesta sirven a Rimsky para que volvamos a escuchar alternativamente al sultán, bajo una nueva forma interpretada por la cuerda al unísono, y a Scheherezade, esta vez en acordes de violín de gran dificultad técnica. Y tras dos intervenciones de los máximos protagonistas de este cuento comienza la fiesta (min 1’20), con un motivo rápido con puntillo y sobre él, haciendo contrapuntos todo, un caleidoscopio sonoro de los temas fundamentales derivados de motivos presentados en los movimientos anteriores: el del príncipe Kalender  (1’26), el de las fanfarrias (1’57) o otros salidos del movimiento anterior (tema de la princesa).

 

 

Las danzas en la fiesta se suceden una tras otra, sin pausa, en un frenesí que siempre va en aumento. El ascenso al trance colectivo (min 7’00) se efectúa por medio de un crescendo orquestal en el que escuchamos utilizar de manera cada vez más abundante la percusión. Estamos llegando al clímax, estamos llegando al último cuadro y de nuevo, como en el primer movimiento, estamos en el mar (8’16). Un mar que vuelve a ser evocado con el  movimiento creado a partir de los arpegios en la cuerda e incluso en el que podemos escuchar el viento de este mar embravecido en las escalas cromáticas de la madera que llevarán al barco de Simbad, tras un choque con la roca al naufragio (9’35).

El mar poco a poco recobra la tranquilidad. Volvemos a escuchar un fragmento del primer movimiento y escuchamos por última vez la voz de Scheherezade (10’25) recuerdo de que nuestra princesa se encuentra en la cámara del sultán, contando un cuento para cuyo final reclama vivir un día mas.

 

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