MÚSICA CLÁSICA PARA NIÑOS: Sinfonía fantástica de Hector Berlioz

Volvemos a abrir nuestro auditorio para hablaros de una obra de música clásica, que aunque en el caso de hoy no haya sido escrita para los más pequeños, funciona maravillosamente cuando se la contamos a nuestros chavales. Hablamos de la Sinfonía Fantástica del compositor francés Hector Berlioz.

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Si recordáis la pasada semana os contaba sobre otra sinfonía, la Sinfonía de los Juguetes de Edmund Angerer (pinchad aquí si queréis acceder al artículo) y os comentaba que por la palabra sinfonía en música a partir del s. XVIII se iba a entender una obra escrita para orquesta y estructurada normamente en cuatro movimientos, cada uno de ellos con un tempo y estructura diferente. Obviamente con el título que hoy tenemos, Sinfonía Fantástica y con la fecha de composición fijada en 1830, también vamos a hablar de una obra compuesta para orquesta pero en este caso el número de movimientos o partes en las que está estructurada no van a ser cuatro sino cinco.

No es extraño, como iremos viendo en próximas semanas, en el Romanticismo se van a introducir muchas licencias en la formas establecidas y en este caso concreto Berlioz, no solo nos introduce un movimiento más de lo habitual sino que lleva al género sinfónico por caminos hasta esta fecha insospechados. Y es que esta alteración en el número de movimientos tiene mucho que ver, con otra rasgo propio del Romanticismo y es que estamos ante una obra programática, para muchos uno de los mejores ejemplos de este tipo de música que tenemos, y que convierte a la orquesta en la protagonista de un drama.

 

Como ya comentamos cuando hablamos de El aprendiz de brujo de Paul Dukas (aquí) y de Los Cuadros de una exposición de Modest Mussorgski (aquí) la música programática es aquella que toma como base datos extramusicales, guiones, textos o programas literarios para tratar de desarrollarlos sonoramente y poder evocarlos así en la mente del oyente. En este caso concreto Berlioz nos dejo un programa, que publicó en la prensa de la época diez días antes del estreno -probablemente para calentar motores y caldear el ambiente- y que bien podemos calificar de autobiográfico. Su título ya dice bastante, Episodio de la vida de un artista.

 

Harriet Smithson.

 

En las fechas en las que Héctor Berlioz compone esta sinfonía se hallaba profundamente enamorado de Harriet Smithson, una actriz irlandesa a la que había visto actuar en el Odeón en el papel de Ofelia y que posteriormente se convertiría en su primera mujer -un matrimonio, todo hay que decirlo, bastante tumultuoso del que nació un hijo y acabó en separación-. Parece ser que la pasión que sintió desde el mismo momento en que la vio se convirtió en una obsesión tal que durante un tiempo y pese a que Berlioz no hablaba ni una palabra de inglés y ella lo propio de francés, únicamente vivió para conquistarla. Fruto de estos sentimientos nació la Sinfonía fantástica.

 

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Un inciso antes de ponerme a hablar de cómo Berlioz narra esta pasión a través de un programa que como él mismo dice debe ser considerado un diálogo hablado de una obra que sirve para introducir los números musicales y para motivar su carácter y expresión.

 

La semana pasada hablábamos de cómo la orquesta clásica va a ir poco a poco sumando integrantes hasta convertirse en la gran orquesta romántica. Pues bien esta obra es un ejemplo magnífico de ver cómo crece esta orquesta.  Frente a la plantilla instrumental de la Sinfonía de los juguetes – cuerda, continuo, dos oboes, dos trompas, además de todos los juguetitos requeridos- la Sinfonía fantástica está escrita para una orquesta sin precedentes en la época integrada por dos flautas (más flautín), dos oboes (más corno inglés), dos clarinetes, cuatro fagots, cuatro trompas, dos trompetas, tres trombones, dos tubas, cuerda a cinco –violines primeros, violines segundos, violas, violonchellos y contrabajos– dos arpas y lo que es más novedoso de todo los instrumentos de percusión pues además de cuatro timbales, se requería campanas, bombo, caja y platillos.

Nada de esto es extraño ni aleatorio. Con Berlioz estamos ante uno de los grandes revolucionarios de la orquesta sinfónica, cuyos experimentos con las posibilidades instrumentales fueron absolutamente innovadores para la época -aunque hay decir, prueba de ellas son las caricaturas con las que hoy ilustramos el post, que sus experimentos no siempre fueron bien comprendidos en su época- que le han llevado a ser reconocido como el creador de la orquesta moderna.

 

Incluso hay una anécdota narrada por el propio Berlioz en sus Memorias que nos da cuenta de lo novedoso del volumen sonoro que el compositor buscaba en la Sinfonía Fantástica. Berlioz iba a estrenar esta obra con la de orquesta del Thêatre des Nouveautés, una orquesta que Berlioz consideraba pequeña, por lo que decidió invitar a ochenta músicos más. Lo que no tuvo en cuenta  Berlioz es la infraestructura que necesitaba la nueva plantilla pues el teatro por falta de espacio, sillas y atriles era incapaz de acoger a tanto músico. El estreno, muy a pesar de Berlioz debió ser suspendido, pero la imagen que nos queda es la del sueño de Berlioz de tener una orquesta de 130 participantes.

 

 

Y ahora sí, sin más inciso hablamos de ese programa que se publicó diez días antes y se entregó a la entrada del concierto el día de su estreno en el Conservatorio de París y que comienza con una perfecta explicación de qué es una obra programática y cómo debe entenderse y utilizarse ese programa:

 

       El objetivo del compositor ha sido desarrollar los aspectos 

musicales de distintas situaciones de la vida de un artista. 

El esquema del drama instrumental, privado de la ayuda

de las palabras, necesita una exposición preliminar. 

El siguiente programa debe, pues ser considerado como 

un diálogo hablado de una obra, y sirve para introducir 

los números musicales y para motivar su carácter y expresión

 

Muy bien me diréis y ¿cuál es la historia? Pues las notas nos describen a un joven músico con una sensibilidad extrema y gran imaginación, al que un amor imposible le sume en tal estado de desesperación que le lleva a consumir  opio y a tener en sus delirios las más extrañas alucinaciones. 

 

 

Obviamente esta parte del argumento no es la a mí me interesa narrar a un niño y cada uno sabe, dependiendo la edad de los chavales si es necesario contarlo, si les va a aportar algo o no. Lo que si es muy interesante y reconozco que cada vez que he hablado de ellas en clase me han funcionado fenomenal, es la manera en que Berlioz en que en cada uno de los movimientos nos narra uno de estos sueños, una de estas alucinaciones. 

 

Cuando os hablé de El Aprendiz de Brujo de Paul Dukas (aquí) os comentaba que la manera que tenía Dukas de evocarnos la historia con música era a partir de cuatro leit motiv y que un leit motiv, simplificándolo mucho, lo podíamos definir como la asociación de una melodía, de un tema o de una secuencia corta a determinado personaje, objeto o situación de la acción. Pues bien esta idea la volvemos a tener en la Sinfonía Fantástica,  pero en el caso de Berlioz no lo va a llamar leit motiv sino idée fixe (idea fija), pero se va a tratar de esto, de una melodía que va a representar a la amada y que va a ir apareciendo en cada uno de los movimientos, eso sí con diferentes configuraciones, pero simbolizando esa obsesión enfermiza del artista por su amada.

 

 Harriet Smithson.

 

Creo que ha llegado el momento de escuchar la obra. Si una vez escuchada, os apetece seguir conociendo, pinchando aquí, accederéis a la segunda parte de nuestro post, en donde os detallamos qué pasa en cada uno de estos movimientos, en cada una de estas alucinaciones. Las tenemos para todos los gustos desde un maravilloso  baile, a una escena de campo, una marcha al suplicio con guillotina incluida (éste les fascina a todos los niños) o el desenfreno de un último número que mezcla el aquelarre con el propio funeral del artista… pero en todos ellos una idea común, la de una amada que turba con su presencia.

 

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