LIBROS de ARTE para NIÑOS: Cuéntame un cuadro o cómo aprender a mirar

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LIBROS de ARTE para NIÑOS: Cuéntame un cuadro o cómo aprender a mirar

Blake (Quentin) | Cuéntame un cuadro | mirar un cuadro

Si la pasada semana gracias al libro En Busca de[l] Arte os mostrábamos una manera lúdica, amena y divertida de presentarles a los chavales por primera vez el arte contemporáneo, hoy me gustaría mostraros una genial propuesta, como todo lo que viene firmado por Quentin Blake, con la que aprender a mirar un cuadro de una manera personal, sin condicionantes ni juicios previos.

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Quentin Blake es una de las figuras claves de la literatura infantil y juvenil. Ilustrador, escritor, profesor, dibujante… Ha trabajado en más de 250 libros de 80 escritores diferentes, entre los que podemos destacar nombres como John Yeoman, Joan Aiken, Michael Rosen, Russell Hoban y, sobre todo Roald Dahl. ¡Quién no recuerda a Matilda!

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Pues bien, en 1999 se concedió por primera vez el Children´s Laureate (El laureado de los niños) un galardón que desde esa fecha se entrega cada dos años y reconoce la carrera de un autor o ilustrador en el campo de la literatura infantil y juvenil. La primera persona en obtener esa distinción fue precisamente Quentin Blake y quedó encantado cuando le dijeron que el premio venía con la agradable obligación de dignificar el trabajo de escritores e ilustradores de la forma que el laureado considerase más adecuada.

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A Quentin Blake se le ocurrió que su propuesta debía tener relación con una convicción suya, debía encontrar la manera de demostrar  que mirar ilustraciones de calidad -algo que fascina a prácticamente todos los niños capaces de pasar horas mirando los dibujos de los libros- podía muy bien ser el inicio de un viaje que condujese a esos niños a la fascinación por la pintura, a la fascinación por esas “grandes” obras de arte que hemos decidido que merecen ser colgadas en las salas de los museos.

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Y para demostrarlo decidió montar una exposición con la National Gallery de Londres en la que se incluyesen ambas manifestaciones (pintura e ilustración) titulada Cuéntame un cuadro. En paralelo a la exposición y con el mismo título que ella se publicó un libro genial, en el que además de tener una selección estupenda de obras, nos enseña a los mayores cómo presentar a los peques un cuadro, sin estropear una de las mayores virtudes que tienen esos ojos inexpertos: la ausencia de dogmas artísticos y de prejuicios. En otras palabras nos enseña a mirar las imágenes y experimentar con ello una reacción personal propia.

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Los niños no tienen esquemas preconcebidos, para ellos un cuadro no es ni bueno ni malo. Un cuadro es sorprendente, inesperado, misterioso, aviva su imaginación y les permite elaborar historias o descubrir las que en ellos se esconden. De eso va este libro. Lo que nos propone Quentin Blake es que utilizando ese gusto por las imágenes que tiene todo niño le enseñemos a utilizarlo también ante las obras maestras, le enseñemos a mirarlas e intentar descubrir mediante la observación personal las historias que allí se esconden,  a plasmar lo que nos provocan, a contar lo que los cuadros nos narran.

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Para ello elige veintiséis obras, que como ya sabemos pueden ser tanto pinturas pertenecientes a la National Gallery como ilustraciones de algunos de los nombres claves de la literatura infantil y juvenil, y nos las presenta de manera independiente, descontextualizadas y siguiendo en su aparición un orden alfabético de autores. Todas las obras seleccionadas tienen cierto sentido narrativo y lo que él nos propone son  tres niveles de observación.

En el primer nivel, en la primera toma de contacto con la obra el niño debe observar  el cuadro o la ilustración de manera virgen sin visiones o información de un adulto que le condicione. Para ello Quentin Blake no ofrece más información antes de ver la obra que el apellido de la persona que lo creó. En el caso concreto de la primera imagen Avercamp. Tras pasar la página aparece la obra,  momento en que el espectador a solas con su imaginación debe disfrutarla todo el tiempo que desee, enfrentándose al cuadro y a lo que él le sugiere.

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El segundo paso sería  la puesta en común de las impresiones de aquello que hemos visto, descubierto, de aquello que nos ha sugerido. Y se trata de impresiones no de juicios de valor. No tenemos que intentar que el niño diga lo maravillosa que es la obra que acabamos de ver, que cómo le gusta y que le ha transportado a otro tiempo. No, el niño crea su propia historia a través del cuadro, y lo hace a su manera. Lo mismo le puede provocar frío, que le puede llamar la atención la escena más ridícula que allí se recoja. Da exactamente igual, se trata de lo que a él le ha llamado la atención, lo que a él le ha sorprendido y no debemos nunca corregir sus impresiones.

Los niños de Quentin Blake en el libro se fijan en una caída y en la sensación de frío que el cuadro transmite.

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¿Has visto ese señor que está a punto de caerse?

Sí y espero que no haga un agujero en el hielo.

Me da escalofríos solo de pensarlo.

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Una vez visto el cuadro, disfrutado, comentado, vuelto a ver… y sólo si creemos que es el momento idóneo, por edad, ambiente de la clase… pasamos a dar alguna información sobre la obra. Para ello al final del libro nos encontramos unas notas en donde se nos habla de la procedencia del cuadro, cómo fue pintado, la época a la que pertenece, la técnica empleada… En el caso del cuadro de Avercamp nos dice lo siguiente:

Hendrick Avercamp (1585-1634)

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Escena de invierno con patinadores cerca de un castillo

Pintado alrededor de 1608-1609, 40’7 cm de diámetro.

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Esta pintura está llena de pequeñas historias. Entre la gente que camina sobre el hielo, busca un mendigo, una pareja que choca y un hombre que agarra a una patinadora (nos llama la atención por la gente que está a su alrededor y los mira).

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El castillo es inventado, pero la bandera del barco amarrado junto a él nos revela que estamos en Holanda. Avercamp firmó esta obra con sus iniciales debajo del tocón helado del árbol que hay en el centro del cuadro.

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No sabemos mucho sobre Hendrick Avercamp. Nació en Amsterdam, pero pasó la  mayor parte de su vida en la ciudad de Kampen, en el norte de los Países Bajos. Era conocido como “el mundo de Kampen” porque no podía hablar, quizás porque también era sordo. Pintó escenas cotidianas de invierno e hizo dibujos en color de personajes de su entorno que conocía bien, como granjeros, pescadores etc.  

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Una información que sin duda enriquecerá nuestro conocimiento sobre las obras pero no debemos de olvidar que lo primero que debemos enseñar a un niño es a mirar una imagen y a descubrir personalmente, de forma espontánea, lo que siente, sin más información que el propio comentario de sus amigos.

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El libro presenta otras veinticinco propuestas interesantes. Os dejo cinco y os doy como única información el nombre del que la creó. Estoy segura que las disfrutaréis mucho con vuestros niñ@s. La última de las imágenes no viene en el libro de Quentin Blake pero creo que es perfecta para trabajarla de esta manera.

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Espero que os gusten.

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Józef Wilkon

 Pietro Longhi

Francisco de Goya

John Burningham

El Bosco

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Se me olvidaba, el libro en castellano fue editado por Ed. Serres.

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