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Por fin llegó el esperado día de San Valentín. Por fin es 14 de febrero, esa fecha que desde hace aproximadamente quince días, cuando la campaña de rebajas ya comenzó a declinar, los centros comerciales empezaron a anunciarlo a golpe y platillo rojo con globos y guirnaldas de corazones. Y quince días, la verdad, viendo tarjetas, flores, bombones en forma de corazón, flechas, cupidos incluso joyas que no llegarán nunca a mis manos… dan para mucho, sobre todo para aburrirse.

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En esas estaba yo, debatiendo conmigo misma si debía o no dar cuenta del «dulce» día en mi querido blog -ya os habéis dado cuenta que ganó el sí pues este es el tercer post que le dedico al amor en una semana, por si os apetece leerlos os dejo los enlaces (animación) (mitología) (libros)- cuando me pongo a buscar y a la primera de cambio me salen unos orígenes que se remontan hasta el s. III d. C. Sí, sí la fiesta comercial por excelencia, la del coma glucémico que creíamos importada del mundo anglosajón -no nos olvidemos que también-, va y resulta que nos viene del tiempo de los romanos. Y esto sí que merece ser contado, así que allá voy. Dejo claro desde el principio que no hay una única leyenda.
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La primera de todas las leyendas nos sitúa en el año 270, momento en el que emperador romano Claudio II prohibió, mediante un edicto, el matrimonio entre sus soldados argumentando que los recién casados se negaban a ir a la guerra. Os podéis figurar el revuelo que se organizó y que no todo el mundo estuvo de acuerdo con su decisión. Uno de esos insurgentes fue un obispo de nombre Valentín que decidió desobedecer la orden y seguir casando a las parejas de manera clandestina. La «insurrección» del obispo pronto fue descubierta y fue llamado a Palacio por el mismísimo emperador Claudio II. La verdad es que parece que en un primer momento el emperador escuchó al obispo, algo normal si tenemos en cuenta que Valentín era una figura muy respetada en Roma pero enseguida el emperador decidió seguir las voces del ejército y del gobernador que no estaban por permitir semejantes ofensas. ¿Os imagináis el castigo? Pues sí, imagináis bien, el emperador Claudio II ordenó que decapitaran a San Valentín.

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Pero no os creáis que aquí queda la historia. El amoroso y contestatario obispo, mientras esperaba que el castigo que le había sido impuesto se llevase a cabo, conoció a Julia, la hija de su carcelero y se enamoró perdidamente de ella. Julia era ciega y su padre le pidió a San Valentín, con la única intención de ridiculizarlo, que le devolviera la vista. Valentín aceptó el reto y en nombre de Dios le devolvió la vista. Y aunque este hecho no pasó desapercibido para el carcelero y su familia que se convirtieron al cristianismo, no libró al obispo de su destino.
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Valentín continuó preso y el débil emperador pidió que lo martirizarán y ejecutasen. Esto sucedió según esta primera leyenda un 14 de febrero del año 270. En su tumba la joven Julia eternamente agradecida plantó un almendro. Hoy este árbol, es considerado símbolo de amor y amistad.

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Bonita leyenda, ¿verdad? Pues, como ya he comentado al principio, no es la única que tenemos, otros atribuyen el origen a antiguas fiestas paganas «cristianizadas». Os cuento, aunque realmente muy, muy de infantil no resulta. Entre las celebraciones más atractivas de Roma, estaba la Lupercalia, que se festejaba el 15 de febrero, en honor a Lupercus, divinidad con figura de cabra y símbolo de la potencia sexual. Durante la fiesta se introducían en una caja prendas femeninas para que los muchachos sacaran la ropa de quién, de ahí en adelante, sería su compañera de diversión durante el año.
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Cuando Roma se convirtió al cristianismo, los líderes de la Iglesia —al ver que era imposible hacer olvidar los ídolos y las fiestas a sus nuevos conversos— optaron por cambiar el nombre de los dioses paganos y sus celebraciones por otros de carácter cristiano. Así, Valentín fue proclamado 200 años después de su muerte, «Patrono de los enamorados» por el Papa Gelasio I quien decidió tomar la festividad que caía justo un día antes, con el fin de anular y prohibir la fiesta pagana que cada 15 de febrero se celebraba en honor a Lupercus.
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Y si dos os parecía poco hay un tercer eslabón que nos remite al s. XV a la figura de Carlos, duque de Orleans, capturado por los ingleses en el año 1415 en la guerra contra Francia. Preso en la Torre de Londres, se dedicó a la poesía con un estilo refinado y purista, que reflejaba la melancolía por su encierro. En una carta a su esposa, firmó como tu Valentín y esta «tarjeta», la más antigua que se conoce, se conserva en el Museo Británico.
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Ya tenemos santo y tarjeta. Pero, ¿la vena comercial de dónde sale? En esto tuvo mucho que ver Esther A. Howland una hábil y emprendedora americana a la que le debemos el primer registro que existe sobre la comercialización de esta fecha. Precisamente lo comercializaba en la librería que su padre regentaba en Worcester (Massachusetts) eran tarjetas de regalo con motivos románticos y dibujos de enamorados. Lo hizo a mediados de la
década de 1840, vendiéndolas por unos centavos y convirtiéndose en todo un éxito. Os dejo algunas de sus valentines.
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Feliz e informado día de San Valentín.
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