ARTE PARA NIÑOS: El Suprematismo al alcance de los más pequeños

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ARTE PARA NIÑOS: El Suprematismo al alcance de los más pequeños

Las artes plásticas del s. XX al alcance de los más pequeños | Suprematismo
Círculo negro, Kasimir Malévich, 1915

 

Tras las vacaciones de verano seguimos con nuestro propósito de ampliar el imaginario de nuestros niños mostrándoles y poniendo a su alcance algunas de las muchas corrientes estílistas que se dieron en el pasado s. XX. Unas corrientes que nos enseñaron a mirar de otra manera. Nos enseñaron a buscar en el arte algo más que la fiel copia de la realidad, la perspectiva clásica o la fabulosa destreza técnica del artista y cuyos desarrollos son en muchos aspectos próximos y adecuados a las búsquedas que debemos alentar y fomentar en nuestros niños.

Hasta el momento les hemos acercado -pinchad en cada uno de los títulos para acceder al artículo- el cubismo, el fauvismo, la abstracción, el surrealismo, el futurismo, el simultaneísmo, dadaísmo, el neoplasticismo– que entre otras muchas cosas nos han servido para enseñarles a buscar movimiento en la pintura, a plasmar la velocidad, a mostrar los objetos desde múltiples puntos de vista, a organizar el cuadro a través del color, a pintar con tijeras, cola y pegamento, a que con cualquier objeto y cualquier material podemos hacer arte… Ideas, técnicas, desarrollos que nos dan pautas para hacer de sus prácticas de arte algo más que copiar, colorear o calcar, reproducir sin pensar.

Suprematism (Supremus No. 58), Kazimir Malévich, 1916.

 

Con la misma idea hoy os propongo acercarles el suprematismo ese movimiento ruso fundado por Kazimir Malévich que surge paralelo al constructivismo y que promovía el arte abstracto con la abstracción geométrica como vía, en la búsqueda de la supremacía de la nada y la representación del universo sin objetos y cuya primera manifestación fue el siguiente cuadro.

 
Cuadrado negro sobre fondo blanco, Kazimir Malévich, 1913

 

El triunfo de la abstracción más estricta. La busqueda del sentimiento puro en el arte, un sentimiento desligado de toda objetividad y para ello, siguiendo sus palabras debían liberar al arte del lastre del mundo de las cosas. Su manera de hacerlo fue reducir lo pintado a formas geométricas básicas, en particular al cuadrado y el círculo.

 

El artista construye un nuevo símbolo con su pincel.
El símbolo no es una forma reconocible de nada que ya esté acabado,
ya hecho, o ya existente en el mundo.
Es un símbolo de un mundo nuevo, que se está construyendo
y que existe por medio del pueblo. 

El Lissitzky

 

Un movimiento entre cuyos principales nombres además de Malévich podemos citar Popova, Ródchenko o El Lissitzky. Precisamente de El Lissitzky, es el material con el que yo siempre presento el suprematismo a los chavales. Y lo hago con un libro infantil titulado Pro dva kvadrata (Historia de dos cuadrados) que este artista ruso, al que podemos definir como diseñador, fotógrafo, maestro, tipógrafo,y arquitecto publicó en 1922 mientras ejercía de embajador cultural ruso en la República de Weimar. Un libro con el que pretendía no solo acercar el suprematismo a los niños sino explicarles, según los ideales estéticos suprematistas basados en el predominio de las formas geométricas, la revolución científica (y política) que estaba trasformando el mundo de principios del siglo XX. 

 

Un libro en el que El Lissitzky apenas necesita texto para contarnos una historia protagonizada por dos cuadrados: uno rojo (símbolo de la modernidad) y otro negro (símbolo de la decadencia conservadora) que aquí os dejo.

 

 

 

 

Aquí hay dos cuadrados

 

 

De lejos, volando hacia la Tierra.

 

 

Ven el Caos negro

 

 

Crash – todos dispersos
 

 

Y sobre el Negro se estableció claramente el Rojo
 

 

Así termina – lejos

 

 

 

 

Un libro que se convirtió en uno de esos referentes maravillosos tanto del diseño gráfico, de la tipografía como de la ilustración y que cuando lo vemos no podemos dejar de acordarnos de cómo muchos años más tarde Leo Lionni nos contó la amistad con dos manchas.

Os invito a que se lo enseñéis a vuestros chavales y os sorprendáis con su capacidad de abstracción e imaginación. Eso sí yo nunca les cuento la historia, ni les pongo el texto de El Lizzitzky, ni mucho menos les explicó la función que otorgaban al arte como motor de cambio de la sociedad. Os prometo que es realmente alucinante lo que dos cuadrados y un círculo pueden sugerir en ellos.

Espero que os guste y os sirva.

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